Si fuéramos todos daltónicos o si borrásemos el color rojo de la realidad, del conocimiento y del recuerdo humano, seríamos una especie de seres disminuidos. ¿Qué sería de nosotros sin el rojo, evocador de la pasión, del amor, sin el rojo que fluye por nuestras venas, sin el rojo de nuestro corazón...? Pues no habría pasíon, ni sexo, ni pecado. No existirían esos labios rojos para incitarnos a ello, pero tampoco el color para prohibírnoslo. ¿No podrían prohibirnos nada? Llegaríamos a una especie de libertad, de anarquía roja, de comunismo pero, por supuesto, sin color rojo. Eliminar el rojo también nos llevaría a eliminar la excitación y el impulso comunista, desaparecerían las grandes marcas: Coca-cola, Marlboro, Levi's. Aunque no pueda existir un bando sin el opuesto, en el fondo usarían los mismos colores.
Entonces si suprimiéramos las ideologías, el rojo y todo lo que simboliza, sólo nos quedaría el
caos. Pero quizá también el caos es de color rojo.
Tendríamos que reconstruir el mundo, toda nuestra realidad. Bueno, al menos ya sin ideologías
y sin sangre roja que derramar, desaparecerían las guerras, el odio y la violencia.
No sabemos si suprimiendo el color rojo al final saldríamos ganando o no. Perderíamos cosas
malas y buenas por igual, tanto el odio como el amor. Sólo nos quedaría una fría y triste
sociedad teñida de tonos azules y plateados, algo muy futurista. ¿Podrías imaginarlo?